El Magnificat de María
Tercer domingo de Adviento
Lucas 1:46b–55
Por Claudia Moreno
Hoy es el tercer domingo de Adviento en el cual seguimos en preparación para celebrar navidad. La principal razón de nuestra celebración es Jesucristo mismo, es el gran misterio de Dios quien dispuso revelarse a la humanidad mediante la encarnación de su hijo. Dios mismo decidió habitar entre nosotros, se hizo vulnerable y nació al igual que cualquiera de nosotros del vientre de una mujer hace casi dos mil años. El día de hoy vamos a meditar sobre dos personajes que fueron claves para la concepción, la vida y el ministerio de Jesús. Me refiero a María, la madre de nuestro Señor y Salvador. Y José, el esposo de María y el papá de Jesús. En especial, vamos a ver como el Magnificat de María nos puede ayudar a prepararnos mejor en nuestra fe para recibir la Navidad.
Jesús fue el hijo de unos padres excepcionales. María era una campesina soltera que al momento de la concepción de Jesús no tenía esposo, estaba dada en matrimonio a José un carpintero de la localidad pero aún no vivían juntos. María era nativa de un pueblito conservador y religioso llamado Nazaret, fue en este lugar donde Jesús creció y donde la familia estableció su hogar. José provenía de Belén; vemos que cuando el emperador mandó a realizar el censo cada quien tenía que volver a su ciudad natal a empadronarse. José tomó a María y ambos partieron hacia esa ciudad donde finalmente el tiempo del parto llegó y por eso Jesús nació en Belén de Judea.
Cuando Jesús nació su madre era aún adolescente de no más de 15 o 16 años de edad. Recordemos que las jóvenes en tiempos bíblicos eran dadas en matrimonio siendo muy jóvenes. Cuentan los evangelios que por obra del Espíritu Santo, María quedó embarazada en medio de circunstancias complicadas para cualquier joven en aquellos tiempos ya que José no era el padre biológico del bebé que llevaba en su vientre.
En tiempos bíblicos una mujer con familia sin la protección de un padre o un esposo difícilmente podría conseguir los medios para sustentar económicamente a los suyos. Además, pensemos en la condena social y familiar por el hecho de ser una mamá soltera. Según Deuteronomio 22:20-21 aquella joven acusada de no ser virgen al momento de su boda debería de ser apedreada hasta morir. Por eso es que José tenía pensado dejarla secretamente. Él era un hombre justo que no quería denunciar a María, si lo hacía ella y el bebé de su vientre morirían.
Mientras José dormía el ángel habló con él para decirle que no tuviera miedo de recibir a María como esposa ya que el bebé que ella había concebido era hijo de Dios. Lo que Dios estaba haciendo era proveerle a Jesús de un papá en la tierra que lo protegiera ya que para María, debido a las condiciones sociales de ese entonces, hubiera sido muy difícil criar a su bebé sin un esposo.
María, en medio de un embarazo sorpresivo e inesperado entonó una canción que es una oración conocida comúnmente como el Magnificat de María. Lo que más llama la atención es el grado de confianza y de fe de la joven quien en medio de su probable desconcierto tiene el coraje de cantar y de alabar a Dios.
“Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva”.
El canto de María además de ser una oración que brota de su alma, es un canto espiritual alegre por lo que Dios a través del ángel le había anunciado. El canto de María es una apertura introductoria y profética al ministerio de nuestro Señor Jesucristo. Su canción era una música de esperanza y de salud que su hijo traería a la humanidad. ¿Acaso no podremos nosotros también cantar cantos y orar oraciones de fe a Dios que traigan esperanza a las tribulaciones que en ocasiones enfrentamos? Recordemos que los cristianos caminos por la vida convencidos que Dios escucha nuestras oraciones y recibe nuestra alabanza. Nosotros al igual que María y José necesitamos caminar más en fe por las promesas que Dios nos ha dado en lugar de vivir consumidos por la incertidumbre y el temor que en ocasiones podemos enfrentar.
“Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre. Y su misericordia es de generación en generación a los que le temen. Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos. Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre.”
Estos versos del canto de María nos ofrecen una alternativa más de cómo celebrar el nacimiento de Jesús. Bien podemos seguir el ejemplo de María y cantar a Dios no solo en la iglesia, sino cuando vamos en el auto, en nuestras casas con nuestras familias. Los invito a que cuando toda la familia esté reunida en Navidad se tomen de las manos y juntos en familia digan una oración y canten a Dios. Hagamos de nuestra celebración una fiesta espiritual de mucha alegría, con cantos, oraciones y acciones de gracias a Dios por medio de su Espíritu Santo celebrando el nacimiento de Jesucristo.
La canción de María está inspirada en diferentes versos de las Escrituras Hebreas, hay muchos ecos bíblicos que Lucas plasmó para darle una introducción y un preámbulo poderoso a este evangelio. A pesar de que no tenemos la música original que María entonó, estos versos han inspirado a músicos como Vivaldi y Rutter. Tal vez la versión más popular sea la de Juan Sebastián Bach. En Latín dice “Magnificat anima mea Dominum” que significa “Mi alma magnifica al Señor”. La palabra más poderosa es sin duda “magnifica” la cual es traducida en algunas versiones como glorifica.
María y José fueron personas dispuestas a la vida y al plan que Dios tenía para ellos. Esto nos habla de su humildad. Así como Jesús fue manso y humilde, así también lo fue su madre y su padre. Hubiera sido imposible ser educado y formado en los caminos de Dios por una mujer y un hombre que no tuvieran su misma esencia. Cuando el ángel Gabriel le anunció sobre el nacimiento de su futuro bebé María afirmó su condición de humildad “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra” Lucas 1:38.
Para cuando Jesús comenzó su ministerio, José ya no estaba presente. No sabemos por cuánto tiempo a ciencia cierta María fue una mujer cabeza de familia. La costumbre indicaba que los hombres judíos eran en ocasiones muy mayores a sus esposas, como tal vez fue el caso de José. El punto es que de José no volvemos a saber nada después de que es visto en los evangelios por última vez cuando van a Jerusalén y Jesús tiene doce años y se queda atrás en el templo una vez que sus padres ya han emprendido el viaje de vuelta a casa (Lucas 2:41-51). Los expertos son unánimes al concluir que José ya había muerto para cuando Jesús comenzaba su ministerio. María en algún momento quedó como una mujer viuda al frente de su familia.
Luego entonces, todas aquellas mujeres que nos encontramos sin un esposo educando y sacando adelante a nuestros hijos, hemos de voltear y ver que hay fuertes indicios que indican que Jesús también creció en un hogar mono parental llevado únicamente por su madre. Y hemos de hacer énfasis que lo que hizo la gran diferencia en sus vidas como familia, en especial en la de María fue el hecho de saber que Dios estaba con ella. ¿Será que todas los padres o madres de familia en hogares mono parentales tenemos está misma convicción? Si no es así, entonces te invito a que en este tiempo de Adviento recibas el regalo más hermoso que alguien puede darte que es saber que Dios a través de su Espíritu está contigo, junto a ti, de tu lado. Ayudándote en esta tarea bendita de ser padre y madre a la vez. Debes de creerlo, tienes que vivirlo, y orarlo a cada instante: “Dios está conmigo”.
Muchas veces en nuestra vida nos vamos a encontramos ante tantas situaciones inciertas. Algunas más que otras. Tenemos dudas sobre las decisiones que deberíamos tomar, nos sentimos inquietos, intranquilos,… Creo entonces que José y María son un gran ejemplo a seguir. Hemos de orar a Dios diciendo. “Aunque no entienda y no vea claro, he aquí Dios que se haga conforme a tu voluntad”.
Jesús vino a sanar al mundo, a todos los que sufren decepciones, pérdidas. Gracias a Jesús, y solo a él es que podemos dar gracias y entonar cantos de alegría en lugar de desesperación. Gracias a Jesús es que nuestra canción puede ser aquella que magnifica a Dios. Vengan todos, adoremos el nombre de nuestro Dios. Llenos de gozo y alegría. Amén
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