“(..)Así que los discípulos se acercaron a él y le rogaron: -Despídela,
Porque viene detrás de nosotros gritando.” Mateo 15:23
1. Experiencias personales
El siguiente relato, hipotético en sus detalles pero histórico en su contenido, ocurrió hace mucho tiempo, alrededor del año 32 D.C. en un lugar del medio oriente llamado Sidón. No tenemos mucha información sobre la protagonista, no conocemos su nombre ni su estado civil; sin embargo, imaginemos por unos momentos su condición social, su agonía, su grande pesar. Basadas en las alusiones retóricas y en los silencios del texto bíblico, así como en información histórica proveniente de otras fuentes, veamos la siguiente historia de una mujer desesperada y de su encuentro con Jesús.
“¿Qué le pasa a mi hija? a veces no come, no duerme por las noches, siente miedo,...el otro día perdió el conocimiento por varias horas, se desmayó en plena calle. Ya hemos visitado a los médicos, agoreros, consulté al oracúlo y a la sibila, me dicen que es caso pérdido, nada se puede hacer. Si acaso un jarabe de hierbas aminora un poco sus crisis, yo tomo algo para el desánimo y el cansancio porque mi trabajo es arduo; a pesar de que ha crecido tanto necesita toda mi ayuda, aún la baño y la visto. Para que mi hija mejore ofrezco muchos sacrificios a los dioses, ya que desde muy pequeña padece este mal…. “
“Ya tiene tiempo que se rumora de un profeta que predica en las sinagogas judías y entre las muchedumbres, es mucha la gente que lo sigue. La semana pasada volví a escuchar de él, dicen que hace milagros y señales, hablan de su bondad que sana y salva a las personas que se acercan a él, incluso a las mujeres. Mencionan que los niños y las niñas pueden acercarse a él porque es compasivo con ellos aunque algunos sean ilegítimos como mi hija. Su padre, por no dividir su patrimonio no se caso conmigo y no ha visto por ella. A veces los padres abandonan a las bebés no deseadas en las plazas públicas a su buena suerte, pero yo la rescate y me hice cargo de ella. No quería que mi bebé muriera de hambre o de frío ni que fuera vendida a cualquier transeúnte para que la convirtiera en esclava o prostituta.”
“He decidido ir a buscar al profeta, no puedo seguir viendo a mi hija padecer estos ataques. Ni ella ni yo podemos más, siento perderla. Me dijeron que iba a estar enseñando por aquí cerca, debo encontrarlo, hablar con él, pedirle ayuda. ¡Por todos los dioses de mis ancestros debo encontrarlo, tengo que verlo! Voy ahora mismo,...ahí está a lo lejos,…quiero hablarle,...debo apresurar mi paso,… quizá me escuche. Hay otras personas con él, no es bien visto que una mujer hable con un hombre en público, más aún si es profeta o maestro. Pero no importa, estoy decidida. Mi hija sufre tanto, ya no tolero que sufra así. Se que él me puede ayudar.”
-¡Jesús, Señor! escúchame, por favor te lo ruego, te lo imploro. Haz un alto un instante para hablar conmigo, ten compasión de mí y de mi hija.-
“No me oye, no voltea… los otros que andan con él ya se dieron cuenta que le llamo, él parece que no escucha. Estos hombres me ven tan mal, no me interesa lo piensan de mí, ni ellos ni nadie podrán hacer que yo me calle…”
- ¡Señooor lo suplico! yo se de otros a quienes tu has ayudado, los he visto, se que sólo tú la puedes liberar, por favor Jesús apiádate de nosotras. Jesús haz un alto por unos instantes, mi hija sufre horribles ataques, por favor ayúdala. ¡Señooor ten compasión! ¡Ayuda a mi hija!
Jesús al fin se detiene, voltea ve a la mujer y responde
- Yo fui enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
La mujer ya sin fuerzas, se desvanece, cae de rodillas en el suelo gris, pedragoso, polvoriento. Con la vista nublada por las lágrimas, en su gran desesperación ruega con un quejido de agonía que brota desde su interior.
- ¡Señooor, ayúdame!
- No está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros.- Jesús le responde.
- Sí, Señor yo soy griega, no soy judía como tú que vienes del único Dios de Israel; pero así como los perrillos comen de las migajas que se caen de la mesa así yo puedo estar satisfecha con los residuos que tú me quieras dar. Yo se que tú eres Señor, mientras que yo, yo soy sólo una mujer humilde que tiene una hija en casa que está terriblemente atormentada por el maligno. No soy nadie, no poseo riquezas, soy pobre, pero con lo poquito…con las migajas de tu reino…con eso que tú me quieras dar… ¡Eso basta para que mi hija sea sana!
Jesús admirado le responde
- ¡Mujer, que grande es tu fe! Que se cumpla lo que me pides.
Entonces Jesús ayudándola a poderse en pie continúa
- Levántate, toma ánimo, no llores más.
Ella limpia con el borde del vestido su rostro sudado, opaco y algo mugriento resultado de la mezcla de las lágrimas con la tierra, mira de frente el rostro del maestro el cual reitera.
- Mujer no sufras más por tu hija, está libre, vuelve a tu casa, ella te espera.
La sirofenicia sin poder articular ni sus pensamientos ni sus palabras parte del lugar. Cuando llega a su casa encuentra a su hija acostada en la cama y completamente sana. Desde aquel entonces la mujer y su hija creyeron y alabaron al único Dios verdadero, el Dios de Israel y a Jesús su enviado.
2. Lectura bíblica
Lee la historia en Mateo 15:21-28.
3. Reflexiones
¿Qué llama más tu atención de la historia?
¿En algún momento crítico, haz actuado de forma inapropiada o inaceptable a otros? ¿Cuándo fue? ¿Cómo te sentiste?
¿Cómo crees que se sintió la mujer al no sentirse aceptada por los discípulos de Jesús?
¿Alguna vez has sido rechazada por alguien? ¿Cómo sucedieron los hechos? ¿Te puedes identificar con la mujer?
¿Qué cualidades ves en Jesús?
¿Por qué crees que las mujeres podemos acudir a Jesús?
¿Qué aspectos sociales de género puedes identificar en la historia?
Vuelve a leer la historia y piensa en otros probables acontecimientos como por ejemplo la enseñanza que recibieron los discípulos o cómo imaginas la vida de la mujer y de su hija a partir su encuentro con Jesús.
4. Oración
Venimos delante de ti Señor y Dios cada una de nosotras implorando por tu misericordia para nuestras vidas. Así como lo hizo la mujer sirofenicia, clamamos a ti para que veas nuestra condición y nos concedas tu gracia en las peticiones que te hacemos hoy: (incluye tus peticiones)
Que tú obres conforme sea tu voluntad en nuestras vidas y que siempre andemos en la compañía de tu Espíritu. Que la justicia y el amor de tu reino sea una experiencia real en nuestras familias y en nuestra sociedad. Que puedas a cada una de nosotras repetirnos en nuestros corazones las mismas palabras que un día le dijiste a la mujer sirofenicia “Mujer, que grande es tu fe! Que se cumpla lo que me pides.” Amén.
5. Para la semana.
Lee la misma historia en el evangelio de Marcos 7:24-30.
